[{"Value":"","Discard":false,"Expires":9999999999}] TLP y su alta desregulación emocional – ICEBERG | Psicología y Salud

TLP y su alta desregulación emocional

El trastorno límite de la personalidad (TLP) es una etiqueta que describe un patrón de inestabilidad en las relaciones interpersonales, en la autoimagen y en el estado de ánimo, todo ello unido a dificultades en el control de impulsos, conductas desadaptativas y autolesivas para regular sus emociones, así como un sentimiento de vacío y síntomas disociativos. En este artículo nos centraremos en la inestabilidad emocional como característica principal del TLP.

Desregulación emocional en el TLP

La desregulación emocional es la dificultad para cambiar o regular las claves, las acciones y las respuestas verbales y no verbales emocionales cuando es necesario, incluso cuando se intenta seriamente. Cuando se está experimentando un estado emocional intenso pueden aparecer dificultades para:

  • Inhibir una conducta inapropiada relacionada con emociones tanto agradables como desagradables.
  • Calmar uno mismo las sensaciones fisiológicas generadas por esas emociones.
  • Distraer la atención de estímulos que evocan emociones no deseadas.

A partir de esta alteración en la regulación emocional se desarrollan el resto de patrones conductuales característicos del TLP en otras áreas como la interpersonal (relaciones inestables y esfuerzos para evitar el abandono), la propia identidad (alteración de la autoimagen y sentimiento de vacío) y la conductual (impulsividad, comportamiento autolesivos y suicidas, así como ideación paranoide y síntomas disociativos).

La desregulación emocional es el resultado de la interacción entre factores biológicos y sociales, es decir, existe una vulnerabilidad emocional de base biológica y un ambiente ambivalente que minimiza o invalida las expresiones emocionales negativas del niño.

La vulnerabilidad emocional tiene las siguientes características:

  1. Alta sensibilidad emocional: bajo umbral para reaccionar ante estímulos emocionales.
  2. Reactividad emocional: tendencia a experimentar respuestas emocionales intensas, en especial antes estresores sociales y emociones interpersonales y autoconscientes, como culpa o vergüenza.
  3. Retorno lento a la calma emocional: la respuesta emocional tarda más tiempo en bajar de intensidad y volver a la línea de base de la emoción.

A todo esto se le añade un déficit en estrategias efectivas para la regulación y expresión de emociones y otras experiencias internas (pensamientos, sentimientos o creencias). Este déficit influye en el tipo de conductas que se llevan a cabo, ya que las emociones intensas pueden dirigir la conducta hacia conductas impulsivas y disfuncionales para disminuir el intenso malestar que están sufriendo (autolesiones, consumo de sustancias o trastornos de alimentación), así como a respuestas de evitación o inhibición emocional. Por ejemplo, el dolor físico que genera una autolesión sirve para desviar el foco del dolor emocional.

Estas estrategias generan alivio a corto plazo pero empeoran el problema a largo plazo, lo cual también influye en el tipo de decisiones que toman: prefieren llevar conductas donde se obtengan recompensas inmediatas, aunque sean más arriesgadas, y se descartan aquellas donde no haya tanta seguridad de conseguirlas, ignorando las consecuencias a largo plazo.

Ambivalencia en el ambiente

El desarrollo de estas habilidades de regulación emocional comienza desde que nacemos, siendo nuestros cuidadores/as quienes que nos ayudan a identificar y gestionar estas experiencias internas de manera funcional y adaptativa para poder generalizarlo al resto de contextos. Desarrollarse en un ambiente donde se validan nuestras experiencias internas, se tienen en cuenta nuestras opiniones y preferencias, y nuestros cuidadores atienden nuestras necesidades mostrándose accesibles y disponibles. Todo ello nos ayudará a aprender a discriminar nuestras emociones y a validar nuestra propia experiencia interna.

En el caso de los ambientes invalidantes:

  • Se ignoran, rechazan y/o juzgan las experiencias emocionales expresadas.
  • Se emiten respuestas inapropiadas o no contingentes a la comunicación de emociones y experiencias interna, minimizando, desatendiendo o negando su respuesta emocional ante la situación que lo ha provocado.

Por ejemplo,  si un niño dice que tiene sed, sus cuidadores le dirían “¿cómo vas a tener sed? acabas de beber”, en lugar de ofrecerle agua. Si un niño llora, le dejarían llorar o le dirían “eres un llorón, qué feo te pones”, en lugar de intentar calmarlo y averiguar qué le sucede.

No se enseña a expresar las emociones de forma adecuada ni a comunicar el malestar. La expresión de emociones desagradables se castiga y/o critica y, en ocasiones, se refuerza de manera intermitente si esa expresión emocional es muy intensa. Esto hace que la persona oscile emocionalmente entre la inhibición y la desinhibición emocional.  Por ejemplo, si yo quiero hacer una petición y solo se me escucha si grito o me pongo violento/a, se reforzará mi idea de que, en cualquier ambiente, cuando quiera solicitar algo debo hacerlo de esta manera.

Además, en estos contextos se trasmite el mensaje de que debes saber controlar tus respuestas emocionales, ya que no se toleran las manifestaciones de afecto negativo, desaprobando y exigiendo un cambio en el patrón emocional. También se transmite que la solución de los problemas es más simple de lo que realmente es, lo cual hace que no sepan fijar metas y objetivos realistas.

Este ambiente contribuye a la desregulación porque no enseña a los niños/as a identificar y nombrar las emociones, ni a tolerar el malestar, ni a confiar en sus propias respuestas emocionales como interpretaciones válidas de los eventos. Esto hará que dependa de las señales del ambiente externo para saber cómo debe responder, impidiendo el desarrollo adecuado de su propia identidad. Esta discrepancia entre lo que el contexto me dice que debo sentir y lo que yo realmente siento, genera frustración y culpabilidad por no cumplir con las expectativas del ambiente.

En muchas ocasiones, las personas que realizan este tipo de conductas no son conscientes de la importancia que tiene validar las emociones y de las consecuencias que esto puede tener en las personas que las reciben. Es posible que no sepan cómo hacerlo o que no cuenten con los recursos necesarios para ello. (“Lo están haciendo lo mejor que pueden con los recursos que tienen”).

¿Cómo podemos enseñarles a manejar sus emociones?

Para poder enseñarles estrategias de regulación emocional, donde aprendan a gestionar las emociones intensas sin impulsividad es muy importarte hacerlo en un contexto de validación emocional donde se comunique a la persona que sus respuestas emocionales tienen sentido dentro del contexto actual, estemos o no de acuerdo.

En muchas ocasiones se exigen no sentir lo que están sintiendo, experimentando como consecuencia vergüenza, ira o frustración. Es importante que aprendan a:

  1. Observar sus respuestas emocionales de forma consciente y sin juzgarlas.
  2. Tolerar el malestar que estas les generan para poder cambiar las respuestas disfuncionales y autodestructivas por alternativas más adaptativas, generalizando ese aprendizaje a otros ambientes.
  3. Reconocer las funciones que las conductas disfuncionales cumplen y explicar los reforzamientos que impiden que estas desaparezca.

Dentro de este contexto de validación, también se debe trabajar en la aceptación de uno/a mismo y de las conductas disfuncionales como parte de la dificultad para regular las emociones y, a la vez, la necesidad de cambio de esas conductas por otras más adaptativas para regular sus emociones.

Conclusión

Desarrollarse en un ambiente invalidante donde se ignoran, castigan o rechazan nuestras experiencias internas, impide que las personas podamos aprender a comunicar y expresar nuestras emociones de manera funcional.

Crear un contexto de validación donde aprender gestionar esta intensidad y labilidad emocional aprendidas de nuestra manera de relacionarnos con nuestro entorno, así como a tolerar el malestar sin recurrir a conductas impulsivas, permitirá desarrollar conductas alternativas más adaptativas, modificando así estos patrones disfuncionales

La validación y aceptación de la situación presente y de la necesidad de cambio en su repertorio conductual son la base para conseguir una mayor estabilidad emocional, lo cual influirá en la mejora del resto de áreas.

Autora: Alicia Cartujo, psicóloga.

 

Aquí te dejamos algunas de las referencias bibliográficas utilizadas para la elaboración del artículo

Albarrán, S., Alva, P., Correa, M., De la Cruz, E. & Ramírez, T. (2021). El límite de Marsha: terapia dialéctica conductual para el trastorno límite de personalidad. Journal of neuroscience and public health, 1(1), 5-11.

Boggiano, J. P. & Gagliesi, P. (2018). Terapia dialectico conductual. Introducción al tratamiento de consultantes con desregulación emocional. Argentina: Editorial de la universidad nacional de la plata.

Díaz-Benjumea, M. D. (2003). El enfoque terapéutico de Marsha Linehan en los trastornos borderline. Aperturas Psicoanalíticas, 1(1), 1-19.

Dixon-Gordon, K., Peters, J. R., Fertuck, E. A. & Yen, S. (2019). Procesos emocionales en el trastorno límite de la personalidad: una actualización para la práctica clínica. RET: revista de toxicomanías, (83), 13-22.

Elices, M., & Cordero, S. (2011). Terapia dialéctico conductual para el tratamiento del trastorno límite de la personalidad. Psicología, conocimiento y sociedad, 1(3), 132-152.

Linehan, M. M. (2005). Manual de tratamiento de los trastornos de personalidad límite. Paidós.

Salsman, N. & Linehan, M. M. (2006). Dialectical-behavioral therapy for borderline personality disorder. Primary Psychiatry, 13(5), 51.

Soler, J., Eliges, M. & Carmona, C. (2016). Terapia Dialéctica Conductual: aplicaciones clínicas y evidencia empírica. Análisis y modificación de conducta, 42(165-66).

Teti, G., Boggiano, J. & Gagliesi, P. (2015). Terapia Dialéctico Conductual (DBT): un tratamiento posible para pacientes con trastornos severos. Rev. Arg. de Psiquiat, 26, 57-64.

Vásquez-Dextre, E. R. (2016). Terapia Dialéctico Conductual en el trastorno límite de personalidad: el equilibrio entre la aceptación y el cambio. Revista de Neuro-Psiquiatría, 79(2), 108-118.

Tamién te puede interesar

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.