[{"Value":"","Discard":false,"Expires":9999999999}] Depender de forma sana, ¿es posible? – ICEBERG | Psicología y Salud

Depender de forma sana, ¿es posible?

A lo hora de crear vínculos y relaciones con otras personas de tu entorno, ¿sientes miedo a perder tu independencia o, por el contrario, por “no poder vivir sin tu pareja”? Entre estos dos extremos (independencia vs. dependencia), existe un punto intermedio que nos va permitir crear vínculos sanos: la interdependencia.

A lo largo de la historia evolutiva, un contexto que ha hecho que nuestra especie evolucione ha sido la presencia de otros/as, es decir, el desarrollo de patrones de cooperación entre personas para sobrevivir ante los contextos hostiles, pero también para compartir tareas e información.

Búsqueda de equilibro entre dependencia e independencia

En la sociedad existe una creencia errónea y negativa respecto a lo que puede significar la dependencia: el ser humano es dependiente por naturaleza. Desde que nacemos somos dependientes tanto emocional como físicamente de nuestros cuidadores/as, necesitamos de sus cuidados y atención para desarrollarnos y sobrevivir. Esto se conoce como relación vertical, donde una de las partes implicadas depende de la otra y no existe un equilibrio entre lo que se aporta y recibe. A medida que crecemos, vamos aprendiendo y desarrollando nuestra capacidad de autonomía, necesitando cada vez menos de los cuidados externos. Este tipo de relación es horizontal, es decir, una relación de igual a igual donde ambas partes tienen el mismo grado de implicación.

Estas experiencias en las dinámicas de interacción con nuestros cuidadores, van a influir en el aprendizaje y desarrollo de creencias, en muchos casos disfuncionales, acerca de cómo deben ser en la adultez los vínculos de pareja, de familia o de amistad. Todo ello, nos lleva a marcarnos una serie de reglas verbales y de conducta acerca de cómo deben ser estas relaciones, cómo debemos actuar nosotros/as y cómo deben comportarse los demás. En el caso de las relaciones verticales, estos comportamientos son disfuncionales.

Las personas con patrones dependientes sienten inseguridad estando solas. No confían en sus capacidades y recursos para funcionar de manera autónoma, de modo que buscan relaciones interpersonales estrechas para la satisfacción de sus necesidades emocionales y físicas. El objetivo tampoco es crear relaciones totalmente independientes. Estas personas sienten inseguridad en vínculos cercanos y significativos, evitan la intimidad y desconfían de los/as demás, de modo que buscan alejarse física y emocional de los demás. Ambos extremos son señal de una vinculación disfuncional.

Para crear patrones funcionales, el objetivo será construir relaciones horizontales con las personas de nuestro entorno, es decir, vínculos donde ambas partes dan y reciben, se apoyan y se cuidan mutuamente. Esto es la interdependencia.

Interdependencia y co-regulación

La interdependencia es la base para la construcción de relaciones sanas. En ellas existe un equilibrio entre ambos extremos, siendo así necesaria la presencia de conductas de autonomía e intimidad. Por un lado, desarrollando recursos propios que nos permitan regular nuestras emociones sin necesitar a otras personas y, por otro lado, sentir seguridad para poder exponer nuestra vulnerabilidad. Es decir, confiar en nosotros/as y en nuestras capacidades, pero también en los/as demás.

Otra variable que condiciona nuestra capacidad para relacionarnos de manera sana es la regulación de nuestras emociones. Podemos diferenciar dos tipos:

  1. La autorregulación: está relacionada con la gestión de nuestras emociones de manera independiente. Ante un estímulo que nos genera una reacción emocional intensa, saber poner en práctica conductas o acciones que nos ayuden a volver al estado de calma o de intensidad moderada.
  2. La co-regulación es un patrón que comienza a construirse desde que nacemos a través de la interacción con las personas de nuestro entorno. Estas dinámicas de interacción nos ayudan a regular nuestras propias emociones, las cuales, a su vez, influyen en las de los demás. Esto es, la presencia y cercanía de otras personas tiene efecto regulador, lo cual solo puede ocurrir si previamente en la relación existe un contexto de seguridad, apoyo y validación de sentimientos. Cuando estamos angustiados o tristes, el abrazo de nuestra pareja o la escucha genuina de un amigo/a de nuestras preocupaciones, son acciones de co-regulación que nos ayudan a calmarnos y regularnos.

Es necesaria la presencia de ambas formas de regulación en las relaciones interdependientes. Como antes hemos mencionado, el aprendizaje de estas conductas comienza en nuestra infancia con nuestros modelos de referencia. A medida que vamos creciendo, continuamos desarrollando estas habilidades en otros contextos, creando así una base para las futuras relaciones interpersonales.

La manera en que nuestros cuidadores co-regulan nuestras emociones, influye en cómo aprendemos a auto-regularnos. Por ejemplo, ante el llanto o rabieta de un niño (carece de estrategias de regulación), el cuidador/a le ayudará a co-regularse usando un tono de voz tranquilo y pausado o mediante un abrazo, quién previamente se ha aplicado así mismo estrategias de autorregulación y no ha proyectado emotividad negativa hacia el pequeño.

Construir relaciones interdependientes y practicar la co-regulación

Las relaciones entre iguales, en las cuales se aporta y se recibe de manera recíproca, tienen consecuencias reforzantes y gratificantes para ambas partes (recibir afecto, atención y elogios, compartir tiempo de calidad y momentos especiales), permitiendo fortalecer el vínculo y fomentando que se repitan los comportamientos que favorecen esta interdependencia. ¿Cómo podemos construir relaciones sanas e interdependientes?

  1. Escuchar genuinamente los intereses de la otra persona, a pesar de cada persona tengamos nuestra propia vida, y validar sus sentimientos.
  2. Comunicar de manera clara y sincera nuestras necesidades o emociones.
  3. Asumir la responsabilidad de nuestros actos, sin culpar al otro/a.
  4. Comprometernos con el vínculo y darle su lugar (prioridad sana), pero sin anteponer siempre las necesidades del otro (prioridad absoluta). Decidimos libre y voluntariamente permanecer en él e implicarnos emocional y personalmente.
  5. Crear un contexto de seguridad y confianza donde poder sentirnos vulnerables cuando alguna de las partes esté pasando por un momento difícil.
  6. Estar abierto y accesible ante las peticiones o necesidades de la otra persona, y llegar a acuerdos.
  7. Mostrar afecto físico (abrazos o agarrar de la mano) y crear momentos donde poder disfrutar juntos/as, pero también tolerar que la otra persona puede hacer cosas sin nosotros.
  8. No depositar responsabilidades y demandas en la otra persona que nos corresponde a nosotros atender. Es ahí cuando aparecen los problemas de dependencia.

Conclusión

En las relaciones interdependientes, las personas somos capaces de desarrollar nuestros propios recursos y habilidades, confiando en nuestras capacidades para la regulación emocional, sabiendo que nuestro bienestar no depende de los/as demás. A la vez, podemos mostrar vulnerabilidad, compromiso e implicación, así como valorar el apoyo, la seguridad y la comprensión que esos vínculos nos aportan. (“Tengo la capacidad de hacerlo solo/a pero prefiero hacerlo contigo”).

Si por el contrario, sientes que siempre necesitas recurrir de forma inmediata a las personas de tu entorno para regularte por dificultades en la propia capacidad de autorregulación (desregulación emocional), así como la necesidad constante de atención y contacto, de controlar el comportamiento de otras personas o desconfianza hacia los/as demás (desregulación), te animamos a buscar ayuda profesional de un psicólogo/a que pueda enseñarte estrategias de gestión y regulación tus emociones, sin tener que depender siempre de las personas de tu entorno.

Autora: Alicia Cartujo, psicóloga.

Aquí te dejamos algunas de las referencias bibliográficas utilizadas para la elaboración del artículo

Brandão, T. (2024). Perceived Emotional Invalidation, Psychological Distress and Relationship Satisfaction in Couples: An Actor–Partner Interdependence Mediation Analysis. Psychological Reports, 0 (0).

Ferreiro, L. (2024). ¿ Qué es la adicción emocional?. Mañé, Ferrer & Swartz: Revista Internacional de Educación y Análisis Social Crítico, 2(1), 375-394.

Gaviria, E., López, M. & Cuadrado, I. (2013). Introducción a la Psicología Social (2ª edición). Sanz y Torres.

Kinkead, A., & Riquelme, C. S. (2022). Emotional interdependence: the key to studying extrinsic emotion regulation. Psicologia: Reflexão e Crítica,  4 (35), 35.

Mansukhani, A. (2013). Dependencias interpersonales: Las vinculaciones patológicas. Conceptualización, diagnóstico y tratamiento. Actualizaciones en sexología clínica y educativa, 1(1), 197-214.

Mansukhani, A. (2017). Los patrones de vinculación patológica: más allá de la dependencia emocional. MA Cabello-García, FJ del Río y F. Cabello-Santamaría (Eds., 191-200). Avances en Sexología Clínica. Sotavento.

Sels, L., Cabrieto, J., Butler, E., Reis, H., Ceulemans, E., & Kuppens, P. (2020). The occurrence and correlates of emotional interdependence in romantic relationships. Journal of personality and social psychology, 119(1), 136.

Ulloa, E. C., Hammett, J. F., Meda, N. A., & Rubalcaba, S. J. (2017). Empathy and romantic relationship quality among cohabitating couples: An actor–partner interdependence model. The Family Journal, 25(3), 208-214.

 

 

Tamién te puede interesar

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.