Qué ocurre
Las dificultades en pareja suelen mantenerse por una serie de patrones de conducta que se repiten una y otra vez, incluso cuando ambas personas quieren estar bien. No es un problema de “quererse o no quererse”, sino de cómo se responde ante determinadas situaciones.
En consulta, los problemas más frecuentes suelen venir de:
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Discusiones que se repiten siempre por lo mismo, con escaladas rápidas o silencios largos después.
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Problemas de comunicación: uno quiere hablar, el otro se bloquea o se distancia.
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Celos o inseguridad que llevan a conductas de comprobación, preguntas repetidas, revisar cosas o buscar tranquilidad constantemente.
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Evitación de conversaciones importantes para no generar conflicto.
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Dudas sobre el futuro, proyectos vitales incompatibles o ritmos distintos.
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Dificultad para gestionar rupturas, idas y venidas o contactos que no terminan de cerrarse.
Estos patrones se mantienen porque, a corto plazo, reducen tensión (por ejemplo, evitar hablar para no discutir), pero a largo plazo agrandan el problema.
Cómo se vive
El día a día se vuelve más pesado:
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Cada conversación “seria” acaba igual.
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Se generan resentimientos pequeños que van sumando.
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Uno/a pide más, el otro se siente desbordado.
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Aparece la sensación de “no sé cómo hablarle sin que se enfade/tristezca”.
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Se discuten cosas pequeñas porque las grandes no se están resolviendo.
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Se pierde conexión, intimidad o ganas de hacer planes juntos.
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A veces se quiere arreglar, pero se actúa desde el cansancio.
Las personas suelen llegar a consulta sintiendo que lo han intentado, pero sin herramientas concretas para cambiar lo que hacen.
Qué podemos lograr
El trabajo es práctico y orientado a que la pareja pueda hacer cosas distintas en casa desde la primera semana.
De forma realista, el acompañamiento permite:
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Identificar los patrones que mantienen las discusiones.
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Transformar las conversaciones en algo más claro y menos emocionalmente explosivo.
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Hablar sin atacar y defender sin ponerse a la defensiva.
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Poner límites sin castigar al otro.
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Gestionar celos e inseguridades sin conductas que dañan la relación.
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Recuperar la conexión a través de acciones concretas, no de “hablar más”.
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Tomar decisiones sobre el futuro con más claridad y menos miedo.
Y cuando la relación está en un punto de ruptura:
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Acompañamos los procesos de separación para que sean menos confusos, menos culpabilizantes y más ordenados emocionalmente.
El objetivo no es “perfección”: es que la relación se vuelva más segura, más clara y menos desgastante, para que podáis elegir desde la calma, no desde la inercia o el conflicto.