Qué ocurre
La ansiedad y el estrés se mantienen por una combinación de conductas que aparecen de forma repetida en el día a día. No son “maneras de ser”, sino patrones muy concretos que acaban atrapando a la persona.
En consulta vemos con frecuencia:
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Ansiedad generalizada: preocuparte por muchas cosas a la vez, anticipar problemas, revisar escenarios, darle vueltas a todo.
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Crisis de pánico: episodios de palpitaciones, mareo, temblor, sensación de “me va a pasar algo”, con miedo a que se repitan.
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Estrés laboral: dificultad para desconectar del trabajo, llevarte tareas a casa, sentir que “nunca llegas”.
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Miedo a la evaluación: evitar exámenes, reuniones, presentaciones, hablar en público o situaciones donde “te miran”.
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Evitar lugares donde has tenido ansiedad (supermercados, transporte, centros comerciales).
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Dormir mal por rumiación o por acostarte tarde para “terminar todo”.
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Uso de pantallas prolongado para desconectar rápido.
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Exceso de responsabilidades porque decir “no” da culpa.
Son conductas que a corto plazo te dan alivio, pero que a largo plazo mantienen el problema.
Cómo se vive
La ansiedad va ocupando terreno poco a poco:
te cuesta concentrarte, tu cuerpo se activa sin previo aviso, necesitas controlar más cosas, evitas situaciones que antes eran normales, duermes peor, te notas irritable y la sensación de “ir a mil” no se apaga ni aunque descanses.
También aparecen síntomas físicos que preocupan mucho:
opresión en el pecho, taquicardia, nudos en el estómago, temblores, sensación de mareo o aturdimiento.
Todo esto afecta a tu rendimiento, a tus relaciones y a tus decisiones diarias.
Qué podemos lograr
Con trabajo constante, la mayoría de personas consigue:
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Reducir síntomas físicos (taquicardia, tensión, mareo, opresión).
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Disminuir la rumiación y las vueltas constantes.
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Volver a exponerte a situaciones que ahora evitas sin sentir que te sobrepasas.
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Dormir mejor y recuperar hábitos que devuelven energía.
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Aprender a parar sin culpa y sin que el cuerpo se dispare.
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Organizar tareas y límites sin entrar en sobrecarga.
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Recuperar sensación de control sobre lo que haces y cómo lo haces.
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Poder volver a disfrutar actividades que ahora se sienten cuesta arriba.
Con acompañamiento y práctica, la ansiedad deja de marcar tu ritmo y tú recuperas el tuyo.