En qué consisten
Los TCA se mantienen por patrones de conducta que se repiten en el día a día y que afectan a la alimentación, al cuerpo, a la vida social y a la intimidad.
Trabajamos con conductas propias de:
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Anorexia: restricción prolongada, evitación de alimentos “prohibidos”, miedo intenso a subir de peso, uso rígido de horarios y cantidades.
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Bulimia: atracones con sensación de pérdida de control, vómitos, ejercicio excesivo o ayunos para “compensar”.
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Trastorno por atracón: episodios de comida muy rápida y abundante sin compensación, acompañados de culpa.
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Ortorexia: necesidad de comer “perfecto”, reglas muy estrictas, ansiedad cuando no se cumplen.
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Ejercicio compulsivo: entrenar como forma de calmar culpa, ansiedad o compensar.
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Conductas mixtas: ciclos de restricción, atracones y purgas, o saltos entre control extremo y descontrol.
Además de las conductas alimentarias, aparecen patrones relacionados con el cuerpo:
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Revisarte el cuerpo constantemente (espejos, fotos, ropa ajustada).
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Evitar mirarte o taparte con ropa amplia para no “sentirte observada”.
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Compararte con otras personas muchas veces al día.
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Pesarte con frecuencia o evitar la báscula por miedo al número.
Y también alteraciones en otras áreas que pocas veces se nombran:
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Incomodidad en la intimidad por vergüenza corporal.
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Disminución del deseo sexual por agotamiento, preocupación o malestar con el cuerpo.
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Evitar relaciones o situaciones íntimas por sentir “que mi cuerpo no está bien”.
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Dificultad para disfrutar porque la mente está pendiente de cómo te ves.
Cómo se vive
La preocupación por el cuerpo y la comida ocupa una parte muy grande del día. Te condiciona a la hora de:
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Elegir ropa.
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Participar en planes sociales.
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Mostrar el cuerpo en verano o en el gimnasio.
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Tener relaciones sexuales o acercarte a alguien.
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Cuidar vínculos por sensación de “no estar a la altura”.
A veces parece que el cuerpo “decide” por ti: si sales, si te expones, si comes, si te relacionas… y esto genera mucha frustración, culpa y cansancio.
Qué podemos lograr
Con un trabajo constante, es posible avanzar hacia una vida más flexible y menos controlada por la comida o el cuerpo. De forma realista, podemos trabajar para que:
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Comas con menos miedo y menos culpa.
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Reduzcas restricción, atracones y conductas de compensación.
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Te sientas más cómoda con tu cuerpo en actividades sociales y en la intimidad.
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La imagen corporal deje de ocupar tanto espacio y afectarte tanto.
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La sexualidad vuelva a vivirse desde la naturalidad y no desde la vergüenza.
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Recuperes energía, concentración y estabilidad emocional.
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Tu identidad no dependa del peso ni del espejo.
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Recuperes intereses, relaciones y rutinas que habías dejado.
El progreso no es inmediato, pero es real: menos rigidez, menos miedo, más vida.